Dar y Recibir

Luego de ver un vídeo que muestra la historia de un niño en el colegio a la hora de la comida, donde el pequeño no tiene nada para llevarse a la boca y mira como sus compañeros traen sus cajas llenas de alimento, él se entristece. Prefiere salir un momento de la sala de clases para tomar agua y valentía para volver al salón sabiendo que no podrá comer. Al regresar toma su pequeña caja de comida para guardarla y nota que tiene un peso diferente, todos sus compañeros habían puesto un poco de sus alimentos y de esta forma le completaron su caja para compartir con él, nadie le dijo nada simplemente en silencio todos siguieron haciendo sus rutinas, sin embargo, el niño lleno de alegría tomó los alimento y comió. Este vídeo me recuerda lo hermoso que es compartir con el prójimo.

Me pregunto, ¿cuántas familias están en condiciones precarias y sin tener la oportunidad de llevar el pan a la mesa? O ¿como en el video un pequeño no tiene que comer en el colegio?

Te has preguntado si tu hermana, tu amiga, tu compadre, tu madre o el vecino de la esquina ¿tiene alguna necesidad? O a ti mismo, ¿qué te hace falta hoy?

No todo es tan difícil o sencillo, pero si cada uno comienza realizando un mínimo gesto, la rueda comienza a moverse. Quizás tu solo necesitas de un abrazo, quizás la vecina no tiene para comprar pan o mi hermano quiere que alguien lo escuche y yo solo quiero caminar.

Al que necesita un abrazo puedo tan solo extender mis brazos y apretarlo sin necesidad de decir o preguntar nada y quedarme ahí y entregarle todo mi amor por varios minutos.  Ese gesto solo me costó minutos de mi tiempo.

Al que le falta el pan, tan solo puedo revisar si tengo dinero y le puedo dar o comparto uno de mis panes si considero que puedo hacerlo.

Al que necesita que lo escuchen puedo darle un poco de mi tiempo y dejar que se desahogue. Así permito que pueda soltar sus rabias y frustraciones. Sin juzgar sus palabras para no contaminarme. A la vez permito que se limpie para que pueda despejar su camino y logre mirar nuevos horizontes.

Al que quiere caminar, quizás solo basta con que le de la mano para ayudarle a sostenerse como lo hice cuando les enseñé a mis hijos. Abrazarlo, darle confianza y decirle que estoy contigo para ayudarte, sostenerte con mis brazos fuertes, hasta que puedas hacerlo tu solo nuevamente.

Que importante es ayudarnos entre todos.  Pero aún más importante es darnos cuenta de la dificultad que tenemos en estos tiempos de decir y expresar que SI, necesito ayuda y estoy dispuesto a recibirla.

En todos estos años que llevo indagando en mi propia sanación, una de las lecciones más difíciles que me ha tocado comprender es que yo también merezco recibir ayuda y aprender que no estoy cometiendo abuso por recibirla. Entender que no soy menos fuerte por que alguien me tienda la mano y dejar todas esas creencias y prejuicios de lado.

Comenzar a hablar porque mi entorno no es adivino; porque efectivamente, y quizás, la persona que tengo enfrente puede darme un consejo que cambie mi vida.

Es por eso por lo que debemos aprender a dar sin juicios y sin esperar que el otro haga o deje de hacer. Porque la vida es de él y yo solo puedo apoyarle como me gustaría a mí que me apoyaran en mi vida, sin cuestionamientos y confiando en que estoy resolviendo todo de la mejor manera posible para lograr lo mejor para mi propia vida. Eso no significa que este exenta de volver a equivocarme, pero me sentiré fuerte para volver a levantarme.

Si profundizamos en lo espiritual debemos confiar en el universo, en dios, o en lo que dicte tu creencia. Si así lo hacemos podrás entender que todo es perfecto.  En cada situación que experimento intento observar y extraer mis propias lecciones; si doy, lo hago porque me nace sin exigencias ni prejuicios. Y si recibo, lo hago de la misma manera. Ambas acciones darán como resultado la fe, la confianza y un amor infinito dentro de mí.

Los invito a realizar el ejercicio de mirar a su alrededor, no necesitan ir muy lejos y pongan en práctica ambas acciones. Den lo que tengan y ábranse a recibir lo que les falta.

Su corazón y su alma se sentirán plenas. ¡Pero cuidado!  Hay un solo riesgo…es ADICTIVO.

Abrazos llenos de amor

Natty

Deja un comentario

Descubre más desde Sanando con el Alma

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo