¿Si pudiera comprender sobre lo que es realmente dar, y si pudiera comprender de verdad los que es recibir? Debería hacerme las preguntas siguientes: ¿sé realmente los que significan esos dos conceptos?
Basta solamente en reflexionar un poco y abrirse ante esta conjetura, el dilema puede resultar interminable. Pensar por ejemplo, recibir no viene necesariamente de esa necesidad, precariedad y pobreza que todos imaginamos que suele padecer el que recibe algo del prójimo. Recordemos que el prójimo somos nosotros mismos. O en sentido contrario, dar no es proporcional a la abundancia, riqueza o prosperidad material. Dar y recibir son dos conceptos que en un plano espiritual dos conceptos que confluyen entre sí y no son separables de ninguna manera y que están unidos en un todo al mismo tiempo.
Dar, entonces, es sinónimo de entregar a tu prójimo lo que este carece para ser más completo y en todo su ser. Pensar que en el acto de dar estás dándote es aportar una ayuda material o no y sin esperar nada a cambio. Porque si doy, en ese contexto, es porque cedo algo de mí que es energía y que aportará vitalidad al más necesitado, o bien aquel que carece de esa luz, vibra o bien. Esa energía del que hablo es vida y amor.
Recibir, y en el mismo sentido anterior, es saber que careces de lo que recibes y agradeces porque te enriquecerá con vida y energía. Y será un bien que podrás dar en otra versión, transfigurada y trascendida.
Me detendré en eso de dar con un bien recibido por otro. Es tener la sabiduría de transformar ese bien en un bien multiplicado y ceder una parte de ella al prójimo que sigue en esa pirámide y vorágine espiral que es la vida en esta sociedad en que vivimos. Porque, por ejemplo, si careces de un bien para ejercer tu profesión, puede que la vida te la entregue de forma poco explicable, difusa en primera y poco deducible, eso también lo explican cabalistas y entendidos en temas relacionados al karma. Pero reconocer ese ingreso misterioso es evolucionar y trascender aspectos aprendidos que debemos desaprender para encontrarnos con nuestro propio ser. Existe un dicho: enseña a pescar y no dar peces. También se trata de simplemente ser capaz de desprenderse de una sonrisa, una palabra de apoyo, una conversación profunda y dedicada al corazón para quien sabes que lo necesita. Entender que el regalo de nuestra humanidad se trata de alcanzar la sabiduría de captar a nuestro hermano, y nosotros mismos.
En resumen, da y recibe con el amor que deseas que tu prójimo te dé y reciba. Entender que dar a otro es recibir de ese mismo ser no tendría sentido, porque el universo te devolverá de la misma manera y multiplicado de diferentes formas y misteriosas, por cierto, pero tan reales como el viento que no vemos, pero sentimos.


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